Cuando se trata de ejercer la vocación de vivir como artista, sin duda el apoyo de la familia es fundamental. Habrás oído aquella frase condenatoria que reza: «De artista, te mueres de hambre». Quizás lo más hermoso que le pudiera ocurrir a quien desde pequeño sintiera que su camino es el arte, sería que su familia y el mundo le dijeran todo lo contrario. Como en el caso de Carl Sagan, quien alguna vez, refiriéndose al apoyo de sus padres, declaró: «Desde pequeño, mis padres mostraron gran sensibilidad hacia mis necesidades intelectuales. Reconocieron y respetaron mi curiosidad desde niño y la apoyaron, inscribiéndome en una biblioteca pública para que pudiera saciar mi ansia de conocimiento. Eso cambió mi vida para siempre».

La semilla del artista me viene de mi padre. Mi madre, por su parte, cantaba de maravilla; tenía una voz melodiosa y afinada, a pesar de no haber tomado nunca clases de música. Ahora te comparto algunos datos de mi familia:

De mi padre heredé el espíritu bohemio; de mi madre, la tenacidad para hacerlo realidad.

Soy hijo de Héctor Martell y Ernestina Rodríguez. Mi padre, Héctor Martell, fue un extraordinario compositor romántico, poseedor de un talento innato, creador de extraordinarias canciones, y entre ellas el súper éxito «Amor añejo», que ha resonado en los corazones de varios países.

Mi madre, por otra parte, fue una mujer luchona, decidida, curiosa, que rompió moldes y abrió caminos. Formó en Oaxaca la primera escuela de Estetas Cosmetólogas, en una época en que las mujeres emprendedoras enfrentaban obstáculos que hoy apenas podemos imaginar.

Si de mi padre heredé el espíritu bohemio y el amor por escribir canciones y cantar, de mi madre aprendí la tenacidad, la perseverancia y la dedicación que se requiere para ejercer esta vocación de cantautor. Dos herencias complementarias que han moldeado mi camino: el arte y la disciplina, la inspiración y el trabajo constante, el sueño y la determinación para hacerlo realidad.

Mis padres tuvieron siete hijos; somos cuatro hombres y tres mujeres: Sergio, Raúl, Enrique y Martín, y las mujeres Martha Patricia, Silvia Gabriela y Jessica Ernestina (Q.E.P.D.). Sin temor a equivocarme, te puedo decir que los siete hermanos somos parte de un todo y cada uno una versión distinta de uno mismo. Hemos agradecido que nuestros padres nos inculcaran un amor fraterno poderoso e indestructible que se mantiene hasta la fecha. Mis hermanos y mis hermanas son mis otros yo, y como lo he dicho en otros foros, llevamos el Arte en el apellido (MARTELL).

Mi hermano Sergio es el primogénito; su inclinación artística se mostró en la danza, ya que además de haber sido en su juventud un extraordinario bailarín de danza folclórica, también formó escuela y dejó alumnos que hoy continúan su legado.

Mi hermano Enrique es poseedor de una voz única, maravillosa, que a todos encanta. Su talento es natural; su afinación y su dulzura resaltan en cada una de sus interpretaciones y ofrecen a quien lo escucha una experiencia inolvidable que conmueve y desata suspiros.

Mi hermano Martín de Jesús desarrolló su camino en el arte a través de la creación de artesanías con barro, madera y esculturas, transformando la materia inerte en expresiones de belleza perdurable.

Mi hermana Martha Patricia es una extraordinaria pintora que ha logrado exponer en Europa y en México, llevando los colores y las formas de nuestra tierra a lugares donde el idioma puede ser diferente, pero se entienden a través del lenguaje universal del arte.

Mi hermana Silvia Gabriela es una extraordinaria actriz y maestra de teatro. Ahora tiene su propia compañía en la Ciudad de Oaxaca, donde forja y forma actores y actrices y deja escuela, transmitiendo no solo técnicas, sino la pasión por el arte dramático.

Mi hermana Jessica Ernestina es poeta; escribe versos y prosa de manera profunda, sensible y conmovedora, capturando en palabras esas emociones que a veces parecen inefables. Por tanto, como he dicho, no me equivoco al decir que ellas y ellos son mi otro yo, diferentes manifestaciones de una misma esencia artística que corre por nuestra sangre.

Llevamos el Arte en el apellido: diferentes manifestaciones de una misma esencia artística.

En este año 2025 estoy a punto de cumplir 70 años. Siete décadas de vida, cinco de ellas dedicadas al arte. ¿Cómo he podido vivir como artista durante tantos años en un mundo que, como dije, promociona como si fuese natural que «de artista te mueres de hambre», y con esa idea privilegia lo rentable sobre lo creativo, lo superficial sobre lo profundo y lo repetitivo sobre lo original? Sigue leyendo y lo sabrás.

Raúl Martell